lunes, 5 de julio de 2010

Aceptar las contrariedades

Sólo seremos capaz de transformar eficazmente nuestra vida si la acogemos en su integridad, incluyendo aquellos acontecimientos exteriores a los cuales muchas veces nos enfrentamos.
El que adopta como norma de conducta habitual la huida del dolor, el hecho de no aceptar nada más que lo grato y cómodo rechazando lo demás, antes o después terminará cargando con cruces más pesadas que quien se esfuerza por aceptar de buen grado un sufrimiento que, considerado con realismo, es imposible de eliminar.
"Un sufrimiento sereno deja de ser sufrimiento"... -Cura de Ars-.
En la adhesión al dolor obtenemos fuerza. Dios es fiel y siempre da la fuerza necesaria para asumir, día tras día, lo más duro y difícil de nuestra vida.
El auténtico mal no es tanto el dolor como el miedo al dolor. Si lo acogemos con confianza y con paz, el dolor nos hace crecer, nos educa, nos purifica, nos enseña a amar de manera desinteresada, nos hace humildes, mansos y compasivos con el prójimo.
"Los peores sufrimientos del hombre son los que se temen"...-Etty Hillesum-.
El miedo al dolor, por el contrario, nos insensibiliza, nos encasilla en actitudes protectoras y defensivas, y a menudo nos empuja a tomar decisiones irracionales que provocan consecuencias nefastas.
El sufrimiento malo no es el vivido, sino el "representado" ése que se apodera de la imaginación y nos instala en situaciones falsas. El problema no está en la realidad, que es esencialmente positiva, incluso en su aspecto más doloroso, sino en nuestra representación de la realidad.
..."Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna que supera toda medida" 2Cor4,17.
Al aceptar los sufrimientos "propuestos" por la vida y permitidos por Dios para nuestro progreso y nuestra purificación, (con ésto nos referimos a la cruz de cada día, a la cruz de nuestra vida) nos ahorramos otros mayores. Hay que ser realistas y dejar de soñar, de una vez por todas, con una vida sin dolor y sin lucha.
"Los dones y el llamado de Dios son irrevocables" Rom 11,29. Sobretodo el primer don y el primer llamado, es decir, el don y llamado a la vida. Toda existencia, incluso si se encuentra abocada al dolor, es infinitamente valiosa.
Cuando nos enfrentamos al dolor cotidiano, al peso del día y del calor, al cansancio, hay que evitar pasarse el tiempo refunfuñando por dentro o esperar que termine cuanto antes; hay que evitar soñar permanentemente con una vida distinta: es preferible aceptarla de corazón. LA VIDA ES BUENA Y BELLA TAL COMO ES, INCLUSO CON SU PARTE DE DOLOR!!!
del libro "La Libertad Interior" de Jacques Philippe.


"La felicidad está en nosotros mismos. Somos felices porque amamos, no porque nos aman"

Madre Teresa de Calcuta